miércoles, 28 de febrero de 2018

Quiebre

Durante meses se abandonó a ese simulacro de felicidad que es la rutina
sucediendo  días impávidos
con la niebla humeante que sella todo.

Hasta que una tarde vio avanzar el tiempo de golpe
-la mañana del fin no trae premoniciones-
y desde la calle noctámbula el mundo
con su maquinaria infernal despejó el horizonte de abulia.

Y sintió de golpe:
las vísceras calientes
el pecho arrugado
las piernas exhaustas.

Se alejó toda mentira, toda ilusión blasfemada
para que la vida
infesta en adinamia
tomara su curso normal
sin bien ni esperanza posible para el Hombre,
olvidado de sí mismo hace tanto tiempo
en el devenir reposado de los días aciagos.


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