Durante meses se
abandonó a ese simulacro
de felicidad que es la rutina
sucediendo días impávidos
con la niebla
humeante que sella todo.
Hasta que una
tarde vio avanzar el tiempo de golpe
-la mañana del
fin no trae premoniciones-
y desde la calle
noctámbula el mundo
con su maquinaria infernal despejó el horizonte de abulia.
con su maquinaria infernal despejó el horizonte de abulia.
Y sintió
de golpe:
las vísceras
calientes
el pecho
arrugado
las piernas
exhaustas.
Se alejó toda mentira, toda ilusión blasfemada
para que la vida
infesta en adinamia
tomara su curso normal
sin bien ni
esperanza posible para el Hombre,
olvidado de sí
mismo hace tanto tiempo
en el devenir
reposado de los días aciagos.
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