Esta tarde el vacío se apoderó de mi cuerpo
tecleando incesantemente
las letras del computador de mi hermana,
inundadas de distimia de domingo.
Quisiera hacer un manifiesto,
poner línea tras línea qué es lo que pienso
inscribiendo letras en la pantalla luminosa
mientras el sol quema el smog entre los cerros.
Pero esta tarde el vacío se apoderó de mi cuerpo
y no tengo nada que decir respecto al mundo
ni del país, ni sobre mí, ni de la poesía.
Solo puedo redundar en torno a esa luxación de
realidad que es el vacío
revolcarme sobre el hiato insulso que lo compone.
Quisiera más que nada poder decir algo de mí mismo
dejar que mi persona se descomponga en un yo incesante
que aúlla y se descubre entre los versos ingeniosos.
Quisiera más que nada elucubrar unos conceptos
que den cuenta al mundo de mi mente
para confirmarme que yo importo.
Ojalá pudiese demostrar que hay algo entre el vacío.
Algo más que los pulmones que se insuflan de aire
vítreo
algo más que el peso de la espalda en las caderas.
Pero esta tarde la poesía no es acto heroico,
si
es que alguna pudo ser eso,
más bien se arrastra en la miseria de Este hombre,
como grito de egoísmo, como blasfemia;
escape terapéutico anhedónico e inútil
que surge y se despeña en la intención de ser veraz
en la impotencia.
Esta tarde como tantas el vacío se apoderó de mi
cuerpo
y no hay mucho mas que hacer,
que
seguir rumiando esa frase hecha.