PARA
EL HUMANO EL TIEMPO
[Nota circunstacial (11.12.2017)
Ando cansado de estar confundido si lo que escribo
son poemas, ensayos, comentarios o acotaciones
de otras acotaciones.]
Lo cierto es que
para el humano el tiempo
es otro tiempo que el tiempo
de diccionario o de cronómetro
– Bergson lo llamaba
durée,
traducido duración
o inner time, inner flux [in paper slang]-.
Es como si nuestros padres, amigos, queridos
y no tan queridos, o quienes finalmente
de una u otra forma se internasen
en el campo del cuerpo, permaneciesen.
Y se alojasen en algo así como una gran playa,
que fuese el basurero del tiempo:
algunos como rocas enormes,
otros más bien granos de arena
algunos como restos marítimos -petróleo
o una bolsa de Lays
gris oxidada,
o un tesoro maculado por la sal.
Dicen de aquellos que han matado
que viven con sus muertos,
en todas sus habitaciones
en todos sus anhelos
-creo eso sería como
tener algas putrefactas en la nariz
o en mis amigos los pulmones
y tener ataques de pánico
muy seguidos-.
Hasta cierto punto,
el tiempo se convierte en un pegamento
en el que las cosas se atraen, se inscriben
y sobre todo, se tuercen.
El tiempo es hilo viscoso
pisoteado en la penumbra
en los pasadizos olvidados
Es también fluir acompasado
de nuestras caminatas, conversaciones
de nuestra propia cabeza recorriendo
atisbos de luz en cualquier lado
ya desconocido ya repetido.
Y se quedará, se quedará
aterido, eterno mientras vivo
como una telaraña gigante de pegamento.