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RUTAS CONSCIENTES
Pensamos, cuando solos
dentro de un margen
borroso entre dos formas de claridad:
Rumiando, tropezando con la misma
entrada muy seguido
y
con una salida que es cada vez menos salida.
Viajando, inmiscuyéndonos –modelando la
figura sobre el fondo
de
manera más fluvial que circulatoria
más
emocional más cognitiva más corporal más metafísica
-como
eléctrica, sináptica-.
Dar un ejemplo de la
primera forma
sería algo fome
por lo que la forma
misma implica.
Cabe decir, del Rumiar
que se está volviendo
un habitual caminante
de la arteria principal
–como dicen en el movimiento estudientel
de mi consciencia.
Dar un ejemplo de la segunda forma
luce más entretenido. Y más aún,
si es el gurú de los millenials , del indie
o los blogs o los instagram, etc.
[Hace poco lo vi en una polera de un jazzista,
genial.]
Cuando Ian Curtis vocaliza:
It was me, waiting for me,
Hoping for something more,
Me, seeing me this time
Hoping for something else.
Hay algo que es mucho más un algo.
Un quiebre. En que tus vibras
son las vibras de algo que no es tu cuerpo
Rebotando,
en la profundidad de un grito hermoso -del alma
misma
un alarido estancado en soluciones lógicas
pero a toda máquina, taquipsíquico.
En el clímax.
–Algo así como lo que buscan representar con el cotillón
o como lo que la pasión a la que Descartes llama ‘sorpresa’-
Quieres seguir ahí
por un buen rato,
impresionado, afectado.
Sabes que los otros lugares están demasiado lejos
y que de cierta manera podrían estar pudriéndose
o floreciendo o luciendo bastante parecido,
pero te importa
una soberana mierda.
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