lunes, 19 de junio de 2017

Ahora que los Días se van Sucediendo

Ahora que los días se van sucediendo, tan fríamente,
con la frialdad de los días que se van sucediendo,
me doy cuenta de dos cosas:

1.- El corazón no tiene por qué ser órgano inerte,
bomba eléctrica tetracameral que eyecta sangre por la aorta
para suplir las necesidades metabólicas de tejidos moribundos.

Takotsubo existe y no puedo reducir todo
a sarcómeros, nodos y adenosin trifosfato;
dilucidaciones estériles 
                                del método científico
de científicos estériles 
que no pensaron
que un día  podrían llegar a descubrir que efectivamente
se puede morir de algo así como el amor.

2.- Que el instinto no se agota en hundir
mi víscera erecta en tu víscera hueca, envuelta
en un plástico áspero que se saca con un beso en la mejilla.

Que tengo que creer que el clímax puede no ser
tan vacío, que el coito no termina con el lento letargo
de mi miembro entre tus piernas y el caer melancólico
de tus pezones en sus areolas.

Si 1 y 2 se relacionan. Si uno y dos tienen un algo
es un asunto que aún debo resolver.

Porque la sucesión de días gélidos micro
tras metro tras micro
entrega parcialidades aisladas
que se encierran,
                             cada una

en su tiempo cíclico,
que no prueban
-de manera terminante-
que existe algo como sexo
que se une catartícamente
a eso que nos da por llamar amor

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