viernes, 11 de octubre de 2019

Ciertas noches te das cuenta 
de que el cielo inerte es cosa tuya
                        y no del empedrado
Y pienses en tus neuronas
que aún palpitan
en cuán distintas serían las cosas 
si fueses distinto
si ese apretón esofágico que llamamos miedo
no estuviese enclavado en carne

Si Sara fuese suficiente 
si no fueses Patriarca del Mundo 
buscando trascendencia,
quizá entonces cuando dijera: “que lindo estar    
contigo ahora”
provocase risa y ternura por mi ingenuidad extemporánea
y no inseguridad abismante
impulso de nada
quique corriendo a la madriguera.

Pero vives siempre cegado por tu orgullo
pequeño príncipe de nada

y el temor a saberte triste, tan triste 
como eres
te impide abrir el tórax en tonel
y ofrecer el músculo,
violáceo, porque ese acto 
rompería el espejismo
la ilusión de que en ti 
hay algo que respira y siente.

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