Ciertas noches te das cuenta
de que el cielo inerte es cosa tuya
y no del empedrado
Y pienses en tus neuronas
que aún palpitan
en cuán distintas serían las cosas
si fueses distinto
si ese apretón esofágico que llamamos miedo
no estuviese enclavado en carne
Si Sara fuese suficiente
si no fueses Patriarca del Mundo
buscando trascendencia,
quizá entonces cuando dijera: “que lindo estar
contigo ahora”
provocase risa y ternura por mi ingenuidad extemporánea
y no inseguridad abismante
impulso de nada
quique corriendo a la madriguera.
Pero vives siempre cegado por tu orgullo
pequeño príncipe de nada
y el temor a saberte triste, tan triste
como eres
te impide abrir el tórax en tonel
y ofrecer el músculo,
violáceo, porque ese acto
rompería el espejismo
la ilusión de que en ti
hay algo que respira y siente.
:( santi
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