martes, 22 de agosto de 2017

verborrea lúdica como esas en las que estay tirando mierda y la dinámica esta implícita en la estructura y hace sentido en tanto eres el propio creador del juego pero te llenas de hastío después de que la weá termina.

            
      
            6 de la mañana. En una nebulosa de tipo social, interactuando de cualquier manera con aquello marcial. Agredido por mi propio armamento, busco en la nube algún cargamento. Mi cuerpo obedece a lo que siempre ocurre, mas en el sueño se cubre y perdura la nube.


              Me refiero aquí a aquel conjunto de ‘sueños’ que reiteradas veces siguieron con el discurrir de los acontecimientos, con la ansiedad saturada, con las palabras y las putas arregladas. Que conste que dudo en llamarles sueños; que conste que en la vida he podido escaparme de la irrupción de esos malditos precursores de realidad amordazada. Son aquellas rumiaciones que escapan la intención, que grabadas en las neuronas se pintan de color escarlata, se visten escandalosas, retrógradas.
           

           No son pesadillas, si lo fueran se los habría definido como tal. De hecho me gustaría que fueran sueños de ese tipo, así habría una carga al menos anímica de la cual agarrarme, para sostenerme. Tampoco pierdo el control, no se confundan. (La confusión es clave, así no me avergüenzo). El contenido es definido y conciso, no hay nada en lo que ahondar. Es el modo en el que se manifiesta, lo peculiar. Sentía el retumbe de los parlantes, pero en un beat mas lento, mas pausado, algo asi como un lo-fi sin melodía. Murmullos, gritos, apariencia, y una nebulosa espesa, contagiosa, que llenaba todo el espacio de una condición necesaria para que yo perdurara. Y perduraba efectivamente, en un tiempo estricto; flotaba cruelmente, sin pestañas, sin ojeras; lloraba inocentemente, en la ilusión de siempre; bailaba o conversaba asquerosamente, asquerosamente…

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